Ventana ¿Quién soy, de dónde vengo y a dónde voy? ¿Existe Dios?

Lee una introducción con símbolos aquí.

11 El plan eterno de Dios en un símbolo cósmico

El hombre evoluciona de vida a vida.

¿Quién es el autor de El Tercer Testamento?

MartinusMartinus es del mismo país que el gran escritor de cuentos H. C. Andersen, que podía hacer un cuento de la realidad. De Martinus se puede decir lo contrario.

¡Ha convertido el cuento en realidad transformando la esencia eterna y el ilimitado mensaje de amor de las religiones en ciencia espiritual!

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Martinus

Martinus nació en el campo, en Sindal, un pueblo con estación de tren al norte de Jutlandia (Dinamarca), el 11 de agosto de 1890. Nació fuera del matrimonio y, según la opinión religiosa de la época, era hijo «ilegítimo». Sobre su infancia y adolescencia, Martinus dice que no recuerda un solo día de su vida que no se haya dirigido a Dios. En su juventud, cuando dudaba de si algo era o no era correcto hacer en una situación determinada, hacía siempre la pregunta: «¿Qué habría hecho Cristo en esta situación?». ¡Inmediatamente percibía la respuesta y lo que era correcto hacer! La personalidad de Martinus ya estaba marcada desde la más tierna infancia por una naturaleza profundamente religiosa. Pero, sin embargo, su concepción religiosa no estaba siempre de acuerdo con las interpretaciones corrientes. Cuando se preparaba para la confirmación, el sacerdote del pueblo dijo, por ejemplo, que sobre los hijos ilegítimos pesaba una maldición de Dios. Pero Martinus no podía creer que Dios pudiera estar enojado con él.

Como había nacido fuera del matrimonio, fue su tío materno y su esposa quienes se ocuparon de él. Eran personas amorosas que, ya entrados en años, se ocuparon de él, después de haber criado varios hijos. Eran pobres, sin instrucción, pero cariñosos. La madre natural de Martinus murió en 1901. Entonces, Martinus tenía 11años.

A continuación se cita la narración de Martinus, de un manuscrito todavía no publicado, sobre su infancia y adolescencia hasta la experiencia del gran nacimiento.

«No tenía ninguna educación superior, ningún examen científico ni doctorado, y ningún conocimiento de los grandes escritores filosóficos y religiosos. De niño, recibí mi enseñanza en una pequeña y elemental escuela de pueblo con sólo dos clases y un maestro. En verano había 6 horas de clase semanales, en invierno algo más. Además de lectura, escritura y cálculo, la enseñanza sólo incluía historia de la Biblia, algunos salmos, un poco de historia de Dinamarca y geografía.

Como me gustaba mucho la historia de la Biblia, no me disgustaba ir a la escuela. Mi mayor deseo era estudiar y llegar a ser maestro, pero no era esta la voluntad de Dios… Mis padres adoptivos vivían al día y no podían ofrecerme el apoyo económico necesario para unos estudios. Desde los 14 hasta los 30 años, mi existencia física transcurrió de la misma manera que transcurría para otros miles de jóvenes sin recursos económicos, sin estudios o profesión. Fui mozo, oficial lechero, sereno y oficinista.

A los treinta y un años experimente un proceso espiritual que me llevó a una misión cósmica.

Una tarde, el mes de marzo de 1921, estaba en mi habitación, en Nørrebros Rundel, sentado en completa oscuridad y me concentraba en Dios. Y fue durante esta concentración en Dios y en esta oscuridad total que en una visión cósmica experimenté, con conciencia diurna despierta, mi llamada divina, entonces incomprensible para mí, de esclarecer y manifestar intuitivamente como ciencia cósmica lo “mucho” que Jesús les habría podido decir a sus discípulos, pero que ni ellos ni las autoridades e instituciones públicas del pasado tenían la suficiente evolución para comprender».



Martinus at 30 years old (1921)Martinus a los 30 años (1921) – 4 meses después de su bautismo de fuego cósmicoartinus


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Lo sucesivo muestra cómo una persona que ha nacido y crecido en el campo, en un ambiente no intelectual, sin estudios, exámenes, investigación ni asesoramiento espiritual repentinamente adquiere la facultad de crear una ciencia cósmica, cuyo resultado final es la imagen eterna del universo y su fundamento el amor universal, además de la inmortalidad de los seres vivos y su aparición como los señores de su propio destino.

«La visión de Cristo que tuve no fue ningún sueño ni alucinación, sino una experiencia absolutamente cósmica, con conciencia diurna despierta, con una clara indicación de una misión que debía realizar. Es cierto que, de inmediato, no pude comprender cómo yo, una persona ignorante, iba a se capaz de llevar acabo una tarea espiritual o cósmica de una envergadura tan alta o santa. Pero esta falta de facultad espiritual de comprensión no iba a ser de larga duración.

Ya a la mañana siguiente tuve la impresión de que debía meditar de nuevo.

Después de haberme acomodado en mi sillón de mimbre, que ahora me parecía estar cargado de una especie de fuerte fuerza espiritual, me tapé los ojos con un pañuelo y, de esta manera, me encontré en una profunda oscuridad, pero en estado de conciencia diurna absolutamente despierta. Fue como si mirara dentro de un cielo medio oscuro, sobre el que se movía una sombra oscura que dejó el cielo más claro. El paso de esta sombra por el cielo tuvo lugar varias veces, y cada vez se volvía el cielo más luminoso, hasta que formó un deslumbrante océano de luz del más puro color de oro que eclipsaba toda la otra luz existente. Se formó como miles de hilos dorados, verticales, vibrantes que llenaron totalmente el espacio. Me encontraba solo en medio de esta profusión de luz divina, dorada y viva, pero sin aparecer yo mismo con forma visible alguna. No tenía ningún organismo, al igual que todas las cosas creadas que me rodeaban, mi habitación, mis muebles, de hecho, todo el mundo material había desaparecido totalmente o estaba fuera del alcance de los sentidos. La deslumbrante luz dorada con sus vibrantes hilos de oro luminosos había atraído hacia ella todo lo que, de otro modo, es accesible a la percepción o experiencia de vida, pero, sin embargo, a través de la fuerte luz dorada podía experimentar, con conciencia diurna, que tenía una existencia viva fuera del mundo de fenómenos físicos, fuera de todo lo que, de otro modo, aparece como fenómenos creados. Estaba fuera del tiempo y el espacio. Era uno con el infinito y la eternidad. Estaba en el elemento de mi yo inmortal, el yo inmortal que, conjuntamente con los yos de todos los seres vivos existentes, es uno con el yo u origen eterno del universo. Aquí era uno con la Divinidad eterna, todopoderosa, omnisciente y que ama con amor universal, esa Divinidad buscada consciente e inconscientemente, venerada y adorada a lo largo de todos los tiempos, a través de todas las culturas, religiones, razas y pueblos de la Tierra».

© Martinus Institut

 


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