La imagen materialista o inacabada del universo
– Símbolo 22A
El universo sin vida
Cuando la facultad de creer degenera y la capacidad del sentido cósmico todavía no está completamente acabada, el hijo eterno de Dios atraviesa un estadio de materialismo. El Dios vivo se ha perdido de vista por un tiempo. El enfoque sobre lo material se convierte, entonces, en totalmente dominante. La vida puede experimentarse como las fuerzas ciegas de un juego de azar.

Pero esto no impide que las personas materialistas puedan ser extremadamente humanas y, con ello, en la práctica más cristianas en su forma de actuar que muchos creyentes. La relación con Dios trata, en último término, sobre nuestra relación con el prójimo. El ateísmo también conduce, sin embargo, a la culminación de la cultura de la muerte. El desarrollo de efectivas armas de asesinato en masa y de métodos de asesinato de hombres y animales no puede denominarse un método animal. Los animales están muy por debajo de los hombres por lo que respecta al arte de matar.
La culminante capacidad de matar del hombre puede más justamente describirse como «Conciencia diabólica». En este estadio evolutivo materialista, el hijo de Dios no comprende que, visto cósmicamente, ningún enemigo puede morir. El yo es eterno. Todos los seres vivos son inmortales.
En el símbolo vemos la parte inferior del símbolo 22, el aspecto físico del universo. Por encima de la parte oscura dentada vemos el organismo físico del hijo de Dios. Los muchos rayos alargados que se orientan hacia el centro del símbolo representan todos los seres vivos con los que este hijo de Dios interactúa en la zona física, tanto en el microcosmos como en el mesocosmos y macrocosmos. Este hombre materialista sólo percibe dentro del espacio y el tiempo. La existencia de Dios y el yo siguen, por consiguiente, siendo un enigma.
En el pequeño triángulo dentro del grande vemos al hijo de Dios y al yo de Dios, X1, respectivamente. Como esto sigue siendo no consciente, aquí vemos un signo de interrogación.
El triángulo simboliza el principio trino, la unión eterna de la materia, la conciencia y el yo, X1, X2 y X3. El poder y las posibilidades de la oración, la conexión cósmica eterna entre Dios y el hijo de Dios y el conocimiento sobre el mundo espiritual, que está presente en todas partes, tampoco es consciente para el hombre materialista. Con la ciencia materialista, los hombres adquieren conocimiento sobre el universo físico. La materia comienza, así, a escuchar nuestros pensamientos. Creamos aparatos técnicos geniales. Pero el solo conocimiento material no puede ayudar a la humanidad a superar el sufrimiento y los destinos desdichados. Se necesita también una ciencia sobre las causas espirituales tras la realidad física. Sólo esta ciencia puede animar a una moral de amor.
La gran misión de la ciencia física es eliminar totalmente la maldición bíblica que siguió a Adán, cuando salió del Paraíso y escuchó: «Comerás el pan con el sudor de tu frente». Esto sucederá cuando el conocimiento material sea controlado y usado únicamente al servicio del amor al prójimo.
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