¿Existe Dios? ¿Hacia donde se dirige nuestro camino? ¿Existe Dios? ¿Hacia donde se dirige nuestro camino?

Introducción con símbolos cósmicos.

El plan eterno de Dios explicado brevementeEl plan eterno de Dios explicado brevemente

Un pasaje en la vida eterna: de animal a hombre.

Cosechamos como sembramos: La iniciación en la oscuridad.Cosechamos como sembramos: La iniciación en la oscuridad

Reencarnación y destino: quien mata será matado.

El hombre acabado a imagen de DiosEl hombre acabado a imagen de Dios

Ofrece la otra mejilla: El principio del perdón.

symbol_22s.jpgLa eterna vinculación cósmica, orgánica entre Dios y el hijo de Dios  II
– Símbolo 22

 

 

 

«Ve a tu aposento»

El símbolo muestra cómo todo lo vivo (el pequeño triángulo blanco) está orgánicamente conectado con Dios (el triángulo blanco grande) gracias a una estructura eterna, cósmica, orgánica (la pirámide blanca, gris y violeta).

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La larga zona de colores alrededor del círculo simboliza los seres vivos y los reinos eternos (ver el símbolo 13).

El área entre las dos líneas negras descendentes muestra la parte física del universo, mientras el área encima de las líneas constituye el mundo espiritual.

El segmento con las largas franjas de color naranja simboliza el reino animal. Las dos franjas más pequeñas simbolizan los primeros estadios del hombre simio terreno que hoy están totalmente extinguidos de la Tierra, pero que se encarnan en otros planetas del universo. La siguiente de estas franjas de color naranja, a la derecha de las dos anteriores, simboliza el estadio del hombre primitivo, que está abandonando nuestro planeta, y la siguiente simboliza el hombre civilizado, que ha perdido la facultad de creer y se ha vuelto materialista.  

La última franja (la mitad de color naranja y la mitad de color amarillo) simboliza los hombres que evolucionan en dirección a hombres verdaderamente humanos, camino del gran nacimiento y la conciencia cósmica.   

La oración es una fuente de fuerza, por la que fluye libremente la conciencia de Dios que está a disposición de todos. Con ayuda de la oración podemos recibir ánimos y fuerza para hacer frente a los últimos problemas y sufrimientos por nuestro camino hacia la perfección.

La oración es siempre escuchada para el bien de la totalidad. De esta manera se convierte en la mayor alegría y beneficio, tanto para el propio individuo como para su entorno. El deseo sincero detrás de la oración de que «No se haga mi voluntad, sino la tuya» nos hace uno con la voluntad de Dios. Así, aliados con el propio Dios todopoderoso, construimos nuestra fuerza vital y nuestra capacidad de «tomar tanto lo bueno como lo malo».

Con cada decisión amorosa se nos renueva nuestra alegría de vivir y nuestra fuerza. Es este «camino angosto» el que, con el tiempo, nos conduce a la adquisición de un verdadero talento orgánico para la alegría de vivir y el equilibrio mental, independientemente de todas las dificultades. Este camino nos llevará inevitablemente a constatar, al igual que Cristo, que «Yo y el Padre somos uno». Jn. 10,30.


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