Los tres análisis del principio trino
– Símbolo 8, 9 y 10
La eterna e infinita estructura trina de Dios
Estos tres símbolos estudian los mismos tres principios eternos que se describen en el símbolo n.º 6, que se han designado como X1, X2 y X3. Estos principios condicionan que todos los seres vivos sean inmortales y uno con la eternidad y el infinito.
Aquí, estos tres principios eternos se muestran separados. En realidad, existen como una unidad indivisible. Sólo es en teoría que pueden separarse.

Como según El Tercer Testamento, el universo o Dios también está vivo, tiene el mismo análisis básico que cualquier ser vivo. Cuando nos conocemos a nosotros mismos, también conocemos por lo tanto, simultáneamente, la existencia de Dios.
X1 (el disco blanco) simboliza el yo eterno, infinito de Dios que vive en todos los seres vivos.
X2 (el disco violeta) simboliza la facultad eterna de creación de la Divinidad y el estado más alto de vibración de la existencia, que en El Tercer Testamento se denomina energía madre.
X3 (el disco con seis partes de colores distintos), simboliza la conciencia y el organismo físico de Dios. Esta es la parte creada que se encuentra eternamente en transformación.
Dado que la trinidad es un concepto fundamental del cristianismo tradicional, se explica de la siguiente manera en El Tercer Testamento:
El Padre, el Dios eterno del universo. Una quietud perfecta constituye el más profundo yo y punto fijo de todos los seres, X1. Este creador está por encima de lo creado y, por consiguiente, sin delimitación en el tiempo y el espacio.
El Hijo, la facultad creadora de Dios que fragmenta el yo de Dios, presente en todas partes e infinito, en los muchos, es decir, en un número infinito de hijos de Dios eternos, X2. Con palabras de Cristo: «El Padre y el Hijo».
El Espíritu Santo, la conciencia eterna y el organismo de Dios, X3. Según El Tercer Testamento, Dios es idéntico al universo eternamente existente.
La facultad creadora de Dios está compuesta de las facultades creadoras de todos los seres vivos, y el organismo de Dios está compuesto de los organismos de todos los seres vivos. En el trabajo conjunto entre Dios y el hijo de Dios surgen distintos espacios de vida mentales y físicos. Por ejemplo, la esfera del instinto, el reino vegetal; la esfera del peso, el reino animal. En la última parte del reino animal es donde estamos más envueltos en la materia y nos creemos uno con ella. Es una etapa necesaria del proceso creador de Dios. Pero la evolución no termina aquí. Lleva a que todos, sin excepción, lleguen a la perfección como: «el hombre a imagen y semejanza de Dios». Tras este ennoblecimiento moral, continúa el camino a través de los reinos siguientes, que se describen en el símbolo 13. Todo este proceso tiene, así pues, lugar en Dios. Todos llegaremos a poder expresar como Jesús: «el Padre y yo somos uno».
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