Reencarnación, ciclos y estaciones del año
– Símbolo 17
Las estaciones del año cósmico
«Quien no naciere de nuevo no puede ver el reino de Dios.[…] En verdad te digo, quien no renaciere del agua y del espíritu no puede entrar en el reino de Dios», Así le respondió Jesús a Nicodemo, que era miembro del consejo de los judíos.

Jesús se extraño de que este hombre culto no comprendiese lo que quería decir y exclamó «¿Y tú eres maestro de Israel y no entiendes estas cosas?».
Con agua, Jesús quería decir un nuevo organismo físico. Hablaba, por consiguiente, de la reencarnación. Espíritu es lo mismo que conciencia. Nacer de nuevo del Espíritu significa que hay que hacer nuevas experiencias. Las experiencias transforman la conciencia. La facultad de comprender mejora. Por lo tanto, se necesitaban más experiencias de vida para comprender totalmente esta respuesta. Esta era la respuesta, incomprensible para los contemporáneos de Jesús, a la pregunta de Nicodemo: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Puede, acaso, entrar de nuevo en el seno de su madre para nacer otra vez?».
En otra ocasión, Jesús dijo que Juan bautista, en una vida anterior, había sido Elías, el profeta del Antiguo Testamento: «Y si queréis admitirlo, él mismo es aquel Elías que debía venir». Mt 11,14, ver también Mt 11,9-5, Mt 17,13, Lc 1, 1-25 y Mc 9, 10-13.
Jesús dijo también que las generaciones futuras iban a tener mejores condiciones para comprender la idea de la reencarnación. «Pero cuando él venga, el Espíritu de verdad, os guiará hacia la verdad completa; pues no hablará de suyo, sino que dirá todas las cosas que habrá oído y os anunciará las venideras». ¿Quiénes son estas generaciones futuras? Sin la reencarnación, ¿qué beneficio sacan entonces los hombres de un futuro «Espíritu de verdad»?
Evolución, detrucción, construcción y ciclo actúan por todas partes en la naturaleza. La oscura noche es sustituida por la luz del día. El agua, antes tan sucia, mana de nuevo fresca de su fuente. El invierno, frío y sin vida, pasa por el calor de la primavera y el verano, por los colores y la luz por las hojas marchitas del otoño hacia un nuevo invierno.
Tras el periodo de inmadurez del niño viene la primavera de la juventud, que anuncia el verano de la edad adulta seguido de la cosecha de la vejez. Renacimiento y renovación es la firma de la mismísima naturaleza. ¿Deberían los hombres terrenos ser menos valiosos que la gota de agua sucia y, con ello, una excepción del grandioso orden de la naturaleza? O menos valiosos que la Tierra, que ha evolucionado de una masa incandescente a las hermosas escenas con las que hoy nos rodea la naturaleza. No, el ciclo eterno de la vida también nos llevará a brillar como soles mentales. Todos llegaremos a inspirar y dar calor y vida a todo y a todos a nuestro alrededor. La vida eterna nunca ha comenzado y jamás terminará.
El símbolo ilustra el principio del ciclo y las estaciones del año, y éstas como símbolos de la luz y la oscuridad. Los rectángulos de un solo color, en la parte superior, muestran los reinos de existencia, que están descritos en el símbolo 13. La figura en blanco y negro muestra la luz con su respectivo crecimiento y culminación de oscuridad. El invierno culmina en el reino animal y el verano en el mundo divino. El ciclo está formado por unidades donde dos contrarios culminan y están latentes alternativamente.
La franja con las bandas inclinadas simboliza las estaciones del año del ciclo: Gris para el invierno, verde para la primavera, multicolor para el verano y rojo para el otoño. Nosotros nos encontramos, por consiguiente, en la zona de invierno del ciclo cósmico de la espiral. Aquí la luz está al mínimo, indicado por la franja delgada de color naranja en la parte inferior. La vida sólo culmina en el mundo divino, franja ancha de color azul más a la derecha. En la parte superior hay unos círculos blancos y negros que, a su vez, simbolizan, de izquierda a derecha, el solsticio de invierno, el equinoccio de primavera, el solsticio de verano y el equinoccio de otoño. Estos cuatro momentos también están relacionados con la diferente relación del ciclo de espiral con la luz o la oscuridad. Este significado simbólico es el que se encuentra las diversas festividades cristianas.
La Navidad simboliza el nacimiento de la luz y del amor. La Pascua simboliza la victoria de la luz sobre la oscuridad y Pentecostés simboliza el espíritu y poder eterno de Dios. El Año Nuevo simboliza el comienzo de un nuevo ciclo y así es, en realidad, símbolo del infinito.
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